Al entrar al Congreso de los Diputados en Madrid y hacerlo por la puerta de los leones, Luisa Fernanda Rudi (antigua vecina y antigua alcaldesa de Zaragoza y probablemente futura Presidenta de Aragón), te daba la bienvenida. Corría tal vez el año 2002 y era el día de puertas abiertas al Congreso de los Diputados Todo el mundo contemplaba el edifico y al llegar al hemiciclo la gente deseaba sentarse en el mismo asiento que sus ídolos. Unos buscando a la derecha de la bancada, el asiento azul de Jose Maria Aznar (por entonces Presidente del Gobierno) y otros en la segunda fila a la izquierda de la bancada el asiento de José Luis Rodríguez Zapatero (por entonces jefe de la oposición). Era interesante ver a todos esos ciudadanos emocionarse por esos asientos. Pero por alli circulaba una pareja de jóvenes que buscaban otro asiento, mas difícil de encontrar, era el asiento de un miembro del grupo mixto, era el asiento del único diputado de Chunta Aragonesista (CHA) en Madrid, era el escaño de José Antonio Labordeta.

Daba la sensación que mientras la gente buscaba el autógrafo de Ronaldo o Messi (en 2002 los autografos eran de: Beckam, Ronaldo, pero el de Brasil, Zidanne o Ronaldinho), uno se preocupara por el autógrafo de un jugador de un equipo de provincias (diría Cani o Zapater) pero aunque les quiera mucho no están a la altura de Labordeta). Si se tratara de los años 60 y se encontraran Di Stefano o Gento firmando autógrafos, yo claramente no hubiera pensado en el Real Madrid de las seis copas de Europa sino que se lo hubiera pedido a Carlos Lapetra.

Al final pudimos encontrarlo, estaba en la última fila del hemiciclo, en el gallinero. Un lugar en el que los aragoneses parece que nos sintamos cómodos, lejanos y viendo desde la distancia las cosas que suceden mas abajo, como si a nosotros no nos importaran, no nos afectaran y no nos interesaran

Y mientras en la lejanía de esa butaca, como si del chico de la ultima fila de la clase se tratara, hacemos bromas muy socarronas y somarras sobre el resto de la clase quejándonos amargamente de porque nadie se acuerda de nosotros sin que hagamos nada por evitarlo.

Meses mas tarde, desde la puerta de acceso lateral al Congreso, yo acudía cada miércoles, pasaba el arco de seguridad y les indicaba mi nombre a los bedeles, venia a ver a José Antonio Labordeta, subía por el ascensor y trataba de no perderme en ese laberinto de políticos, funcionarios y demás personajes que andan por esos pasillos. En su despacho Labordeta se multiplicaba y nos esperaba a nosotros, a la muchachada para saludarla afectuosamente.

Ya no podremos volver a verte pasear por Zaragoza, ni a escucharte en conciertos clandestinos donde la policía al descubrir el concierto y verte allí cantando, “legalizaba” directamente el concierto indicando muy cortésmente que a una hora determinada habría que terminarlo. Simplemente eso, bastaba tu presencia

El faro se acaba de apagar, pero lo que mas miedo nos da, es que no vemos en la costa que se levanten nuevos faros, nos quedamos irremediablemente a oscuras, es de noche y parece que el sol no saldrá mañana

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